Al fin se pudo !
EDITORIAL
*El inicio de la vía a Caldera nos alecciona sobre los frutos de la seriedad y la responsabilidad
*Se restaura la confianza en el país y se refuerza el principio de legalidad en las negociaciones y contratos
El titular de la primera página deLa Nación del miércoles pasado trasciende la información: “Vía a Caldera se inicia con 30 años de atraso”. He aquí una noticia por décadas esperada y que, ahora, al ver la luz, avalada por los hechos correspondientes, se plasma en objeto de reflexión y aun en diagnóstico del Estado.
La (no)conversión de los proyectos, de las promesas o de las buenas intenciones en obras concretas, he aquí el talón de Aquiles de la política nacional y del funcionamiento del Estado por años y años, hasta su desembocadura en lo peor: la pérdida de la capacidad de asombro de que estas cosas sucedan o, lo que es lo mismo, la creencia de que así funciona el Estado o la política. Esta rutina mental o indiferencia ante lo evidente le ha causado al país males sin cuento en muchos órdenes de la vida nacional.
No es difícil trazar el mapa de esta saga dolorosa, escrita, con trazos impropios de un sistema democrático y de un Estado de derecho en marcha, en el rezago de la infraestructura vial y portuaria, en la llamada tramitología, en la mediocridad del sistema educativo, en la modorra del régimen municipal, en la reforma del reglamento interno de la Asamblea Legislativa y en muchos otros campos de la vida nacional urgidos de renovación. El hostigamiento programado contra el TLC es uno de los mejores ejemplos de esta patología política.
La sinfonía inconclusa de la carretera a Caldera dio lugar, en estas tres décadas, a toda clase de tropiezos, vicisitudes, pérdidas económicas y relatos pintorescos. Venturosamente, los jerarcas actuales del MOPT, con el apoyo pleno del Gobierno, se propusieron, desde el principio, poner fin a esta vergüenza nacional, a sabiendas de que un tropiezo en esta aventura habría afectado el crédito gubernamental y del país. El próximo 17 de enero se dará el banderazo de partida. Culmina así un arduo proceso de negociación entre el MOPT y la empresa encargada de este proyecto, Autopistas del Sol, que se ha comprometido a culminarlo en julio del 2010.
Se trata de una ruta de 77 kilómetros con un costo de $230 millones, cuyo prólogo –la negociación– constituyó el tramo decisivo y más complicado. Hacemos hincapié en este punto, pues se trataba nada menos que de restaurar la credibilidad del país y del Estado, frente a las instituciones financieras, venida a menos por tristes episodios anteriores en otros proyectos. Este esfuerzo negociador debía, al mismo tiempo, marchar al unísono con la defensa, en todos los trances y etapas, del respeto a la legalidad, que también había sufrido mengua.
Desde este punto de vista, la firma del contrato representa no solo un logro en el campo de la infraestructura vial, sino una carta de presentación para el país en el orden político y de la seguridad jurídica, aspectos básicos hoy día en la economía global. Esta dimensión en la conducta de un Gobierno se llama seriedad, antítesis de la charlatanería, de las ocurrencias y del irrespeto a las personas y a las instituciones. No debe descartarse en esta buena nueva la importancia de los resultados en la gestión gubernamental o política. Su insuficiencia o su carencia es uno de los motivos principales de desánimo y desconfianza popular en el sistema democrático.
Confiamos, por ello, en que la vía a Caldera estimule al Gobierno y a cada una de las instituciones públicas a seguir avanzando por esta senda. Otros proyectos de largo alcance se han anunciado o están en proceso en diversos ámbitos del país y del Estado. Los logros en esta materia pueden traer consigo un positivo cambio de mentalidad y un refuerzo de la confianza de la gente en el Estado y en el sistema democrático. El MOPT ha demostrado, con este anuncio firme, que sí se puede.
*El inicio de la vía a Caldera nos alecciona sobre los frutos de la seriedad y la responsabilidad
*Se restaura la confianza en el país y se refuerza el principio de legalidad en las negociaciones y contratos
El titular de la primera página deLa Nación del miércoles pasado trasciende la información: “Vía a Caldera se inicia con 30 años de atraso”. He aquí una noticia por décadas esperada y que, ahora, al ver la luz, avalada por los hechos correspondientes, se plasma en objeto de reflexión y aun en diagnóstico del Estado.
La (no)conversión de los proyectos, de las promesas o de las buenas intenciones en obras concretas, he aquí el talón de Aquiles de la política nacional y del funcionamiento del Estado por años y años, hasta su desembocadura en lo peor: la pérdida de la capacidad de asombro de que estas cosas sucedan o, lo que es lo mismo, la creencia de que así funciona el Estado o la política. Esta rutina mental o indiferencia ante lo evidente le ha causado al país males sin cuento en muchos órdenes de la vida nacional.
No es difícil trazar el mapa de esta saga dolorosa, escrita, con trazos impropios de un sistema democrático y de un Estado de derecho en marcha, en el rezago de la infraestructura vial y portuaria, en la llamada tramitología, en la mediocridad del sistema educativo, en la modorra del régimen municipal, en la reforma del reglamento interno de la Asamblea Legislativa y en muchos otros campos de la vida nacional urgidos de renovación. El hostigamiento programado contra el TLC es uno de los mejores ejemplos de esta patología política.
La sinfonía inconclusa de la carretera a Caldera dio lugar, en estas tres décadas, a toda clase de tropiezos, vicisitudes, pérdidas económicas y relatos pintorescos. Venturosamente, los jerarcas actuales del MOPT, con el apoyo pleno del Gobierno, se propusieron, desde el principio, poner fin a esta vergüenza nacional, a sabiendas de que un tropiezo en esta aventura habría afectado el crédito gubernamental y del país. El próximo 17 de enero se dará el banderazo de partida. Culmina así un arduo proceso de negociación entre el MOPT y la empresa encargada de este proyecto, Autopistas del Sol, que se ha comprometido a culminarlo en julio del 2010.
Se trata de una ruta de 77 kilómetros con un costo de $230 millones, cuyo prólogo –la negociación– constituyó el tramo decisivo y más complicado. Hacemos hincapié en este punto, pues se trataba nada menos que de restaurar la credibilidad del país y del Estado, frente a las instituciones financieras, venida a menos por tristes episodios anteriores en otros proyectos. Este esfuerzo negociador debía, al mismo tiempo, marchar al unísono con la defensa, en todos los trances y etapas, del respeto a la legalidad, que también había sufrido mengua.
Desde este punto de vista, la firma del contrato representa no solo un logro en el campo de la infraestructura vial, sino una carta de presentación para el país en el orden político y de la seguridad jurídica, aspectos básicos hoy día en la economía global. Esta dimensión en la conducta de un Gobierno se llama seriedad, antítesis de la charlatanería, de las ocurrencias y del irrespeto a las personas y a las instituciones. No debe descartarse en esta buena nueva la importancia de los resultados en la gestión gubernamental o política. Su insuficiencia o su carencia es uno de los motivos principales de desánimo y desconfianza popular en el sistema democrático.
Confiamos, por ello, en que la vía a Caldera estimule al Gobierno y a cada una de las instituciones públicas a seguir avanzando por esta senda. Otros proyectos de largo alcance se han anunciado o están en proceso en diversos ámbitos del país y del Estado. Los logros en esta materia pueden traer consigo un positivo cambio de mentalidad y un refuerzo de la confianza de la gente en el Estado y en el sistema democrático. El MOPT ha demostrado, con este anuncio firme, que sí se puede.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home